Establecido, asociado, ignorado: órgano por órgano
Corazón. La revisión insertada en la compilación de 2020 informa de una mortalidad cardiovascular reducida en alrededor de un 19 % en los consumidores habituales, con un máximo hacia las tres tazas por día. La mortalidad por accidente cerebrovascular se reduce allí un 30 %.
Poole y sus coautores publican en 2017 en el BMJ una revisión paraguas, es decir, una revisión que no relee los estudios sino los metaanálisis ya realizados sobre ellos. Esta compila 201, todos observacionales, sobre 67 desenlaces de salud, más 17 metaanálisis de ensayos. Encuentra la misma forma.
El riesgo de muerte por todas las causas es allí el más bajo hacia las tres tazas por día, y de tres a cuatro tazas se asocian a menos enfermedades coronarias que la abstinencia. Lo que cuenta aquí no es la cifra, es la forma de la curva. Una relación que sube y luego baja es más difícil de fabricar con un sesgo simple que una relación que siempre sube. Por sí sola no demuestra nada.
La presión arterial, en cambio, se resiste. Los autores de la compilación escriben que los resultados son contradictorios: una toma puntual eleva la presión en el no consumidor, poco o nada en el habituado. Más allá de estos dos puntos, la literatura no converge.
MDPI 2020, p. 117-119, 209-210; Poole et al., Coffee consumption and health: umbrella review of meta-analyses of multiple health outcomes, BMJ 359 (2017)Metabolismo e hígado. Los metaanálisis citados dan alrededor de un 25 % menos de riesgo de diabetes de tipo 2 con tres a cuatro tazas por día frente a menos de dos, y un 6 % por taza adicional, efecto más marcado en las mujeres; nadie ha demostrado que el café prevenga la diabetes, y nada sugiere que la agrave. El hígado es el órgano donde las asociaciones son más fuertes y más constantes en la revisión de Poole: menos cirrosis, enfermedad hepática crónica y cáncer de hígado en los bebedores, y el descafeinado participa en ello. La gota y los cálculos renales figuran también entre los desenlaces asociados a un riesgo más bajo. Todas estas frases describen asociaciones.
MDPI 2020, p. 209; Poole et al., BMJ 2017; LC cap. 19Cerebro. La compilación señala una posible asociación entre consumo moderado y menor deterioro cognitivo, menor riesgo de Parkinson y de Alzheimer, mecanismo no demostrado. Sobre el Parkinson, los metaanálisis son más abundantes: Qi y Li (2014) encuentran un riesgo relativo de 0,72 hacia las tres tazas por día tras el ajuste por tabaco, y Hong y coautores (Nutrients, 2020) una razón de riesgo de 0,80 en los consumidores regulares, con un efecto de dosis sobre todo en los hombres.
El problema de método es aquí más severo que en otras partes: estas enfermedades se instalan a lo largo de décadas, el consumo se mide una sola vez por cuestionario, y las primeras afectaciones modifican los hábitos mucho antes del diagnóstico. El receptor A2A, blanco de los antagonistas probados contra el Parkinson, ofrece al menos una pista biológica.
MDPI 2020, p. 42-45, 209; Qi y Li, Geriatr. Gerontol. Int. 14 (2014); Hong et al., Nutrients 12 (2020) 1860; Jacobson et al., Br. J. Pharmacol. 2022Cáncer. El capítulo de la compilación dedicado al cáncer colorrectal se apoya en un metaanálisis de 26 estudios prospectivos y 3,3 millones de sujetos. No encuentra ninguna asociación global, ni con el cáncer colorrectal ni con el rectal. En el colon solo, encuentra un efecto protector modesto pero significativo, más marcado en los hombres europeos y las mujeres asiáticas.
Un detalle que los artículos para el gran público omiten da sin embargo la vuelta a la lectura. El efecto protector aparece en los bebedores de descafeinado, no en los de café con cafeína. Si existe un efecto, la cafeína probablemente no es, pues, su motor.
Lo contrario tampoco se concluye. Los bebedores de descafeinado no son una muestra como las demás: se llega a él a menudo por consejo médico, y el factor de confusión descrito más arriba vuelve a tomar el mando. Conclusión de los autores: los datos no bastan para demostrar un papel protector.
El veredicto institucional se movió en el mismo sentido. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer había clasificado el café como «posiblemente cancerígeno», grupo 2B, en 1991. Lo reclasificó en junio de 2016 en el grupo 3, «no clasificable», tras revisar más de mil estudios (monografía 116).
El grupo 3 no quiere decir inofensivo. Quiere decir que los datos no permiten zanjar la cuestión, en un sentido ni en otro. No es una absolución del café, es un sobreseimiento. Y la misma monografía coloca las bebidas tomadas a más de 65 °C en el grupo 2A, «probablemente cancerígenas» para el esófago. Es la temperatura la que recibe el veredicto, no la bebida.
MDPI 2020, p. 269-274; CIIC, comunicado 244 del 15/06/2016 y monografía 116, Drinking coffee, mate, and very hot beverages (2018); LC cap. 19En esta láminaLas 14 secciones
- 01La molécula
- 02Lo que hace por la planta
- 03Contenidos: especies, variedades, cafetos sin cafeína
- 04Lo que hace en el cuerpo: la farmacología
- 05La genética de la respuesta
- 06Cómo leer un estudio sobre el café
- 07Establecido, asociado, ignorado: órgano por órgano
- 08Sueño, embarazo, umbrales
- 09Cuánto hay en la taza
- 10Tres creencias de 1685, y una cuarta
- 11El descafeinado
- 12El soluble: de Kato a Nescafé
- 13Fabricar el soluble
- 14Hoy (2024-2026)